Hasta 2025 se han disputado 562 partidos dentro de las finales de la Stanley Cup, muchos de ellos memorables, pero solo uno se ha hecho inolvidable por las extrañas y sorprendentes razones por las que lo hizo el tercer partido de la final de 1975 entre Buffalo Sabres y Philadelphia Flyers, “The fog game”, el partido de la niebla.

La más que centenaria historia de la NHL ha permitido que se hayan jugado partidos en toda clase de situaciones y circunstancias, pero el 20 de mayo de 1975 se unieron los puntos que provocaron que ese encuentro fuera recordado más allá de las razones deportivas, y eso que estas últimas fueron también relevantes.
Buffalo y los Sabres eran los anfitriones de la final por primera vez, nadie esperaba la extraña noche que se iba a vivir

Y es que ese día de mayo la ciudad de Buffalo se convertía en anfitriona por primera vez de un partido de la final por la Stanley Cup, un duelo que enfrentaba a los vigentes campeones Philadelphia Flyers con los Buffalo Sabres. Los de Pensilvania llegaban con los deberes hechos tras ganar los dos primeros partidos en The Spectrum poniendo a sus rivales ya en una situación límite en el cambio de sede de la final. Se esperaban muchas cosas esa noche, pero desde luego nada de lo que llegó a ocurrir.
El hogar de los Sabres, era un pabellón inaugurado en 1940 y carecía de aire acondicionado, que era ya un elemento con el que contaban los recintos multiusos de creación más reciente en Norteamérica. Era la primera vez que la temporada de los neoyorquinos del norte llegaba a fechas tan tardías, y la ausencia de refrigeración combinada con un 65% de humedad convirtieron los 28 grados de temperatura exterior en 32 interiores y la pista en una sauna.
El murciélago hace su aparición
Esa atmósfera asfixiante puso en el escenario al primer protagonista extraño de la noche. En el primer periodo del partido, un murciélago que habitaba en los altos del pabellón, buscó refresco cerca del hielo revoloteando entre los jugadores de ambos equipos. Un vuelo que encontró su final cuando tuvo la ocurrencia de acercarse al círculo de face off donde el delantero de los Sabres Jim Lorentz abatió al murciélago con su stick cayendo junto al center de los Flyers, Rick MacLeish, que retiró al animal de la pista lanzándolo al banquillo de expulsados.
Como en una nube
Si esa hubiera sido la única circunstancia curiosa, el partido no habría trascendido del modo en el que lo hizo, lo más extraño estaba por llegar, las condiciones de temperatura y humedad empezaron a levantar una bruma que empezó a dificultar la visibilidad tanto a televidentes, como espectadores en las gradas y lo más importante en la pista a jugadores y árbitros, que se vieron obligados a parar el partido en cinco ocasiones en el tiempo reglamentario, interrupciones en las que los jugadores y ayudantes de la pista patinaban en círculos para intentar disipar la niebla.
Las condiciones de temperatura y humedad empezaron a levantar una bruma que empezó a dificultar la visibilidad tanto a televidentes como espectadores en las gradas
La situación con el paso del tiempo no mejoraba y en la prórroga que se jugó tras los 60 minutos se tuvo que interrumpir siete veces más.
El resultado
Aún con todo, en un partido y más aún si es de una serie final lo importante es el resultado. Los Flyers ejerciendo de favoritos tuvieron el marcador a su favor la mayor parte del partido, marcando dos goles en los primeros tres minutos de partido, con el marcador 3-2 a su favor tras el primer periodo y 4-3 tras el segundo. Pero si los Flyers jugaban a favoritos, los Sabres no aceptaron el papel de víctimas, Bill Hajt marcó el gol del empate en el ecuador del tercer periodo, y en la aún más nebulosa prórroga, y cuando el partido apuntaba a un segundo periodo extra, René Robert llevó a su equipo y a la afición local al éxtasis marcando el gol de la victoria.

Bernie Parent, guardameta de Filadelfia, llegó a comentar que le sorprendió que la resolución del partido llegara tan tarde, el gol se marcó a los 18:29 del inicio del tiempo extra. La visibilidad era tan mala que un disco que Robert lanzó hacia la portería con intención de que un compañero lo llegara a desviar para que alcanzara la portería, pasó entre las guardas de Parent que ni siquiera llegó a ver el disparo de su rival. Un final extraño para un partido extraño, pero eso dio igual a la afición local que veía a su equipo hacerse con su primera victoria en un partido de la final.
El legado

Esa victoria dio aire a los de Búfalo, que al día siguiente volverían a imponerse en casa, pero esta vez en circunstancias normales a los Flyers. Pero los de Broad Street no permitieron más actos de rebeldía contra su estatus de campeones, ganando los dos siguientes en su pista y de nuevo en Búfalo, cerrando la final y dejando para ellos ese tercer partido en mera anécdota en su camino al campeonato.
No sería así para la afición de los Buffalo Sabres, para los que este partido se convirtió en un símbolo de resistencia, de lucha contra la adversidad y una referencia a los valores de lucha de los que presumen los aficionados tanto los que vivieron ese partido como los que lo rescatan de los libros de historia.
En este enlace, acceso al partido integro.
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