Los años 90 trajeron a la NHL un modo de jugar al hockey que le restó dinamismo y espectacularidad al deporte y que obligó a un cambio de actitud y de normas para evitar que el juego se convirtiera en una batalla física solo para aficionados a los golpes.

El hockey es un deporte que vive intensamente la tradición, pero como cualquier otra obra humana no es inmune a la evolución y la forma de jugarlo ha sufrido cambios, y no siempre a mejor.
Un modo de jugar al hockey que le restó dinamismo y espectacularidad al deporte
Una de esas ocasiones ocurrió en los años 90 del siglo XX, en concreto desde la mitad de la década hasta la siguiente, la predominancia del juego defensivo sobre el ofensivo, la bajada de la anotación y la pérdida de dinámica del juego le ganaron a esa parte de la historia del hockey un nombre propio, “The dead puck era”, la era del puck muerto.
Un infierno creado por los Devils
De modo general, se atribuye este sistema a los New Jersey Devils de la primera mitad de los 90, y que de la mano de su entrenador en esa época, Jacques Lemaire, consiguió a través de él la Stanley Cup de 1995 y con ello, legión de imitadores en el resto de equipos de la liga que buscaron a través de él el mismo éxito convirtiendo al hockey en una guerra de trincheras sobre hielo.

Lemaire desplazó la presión en la zona de ataque o forecheck a la zona central de la pista o zona neutral, en ese espacio más cerrado, la presión de los cinco defensores obligaba a los atacantes a buscar las vallas para avanzar a la zona contraria, lanzar el disco al fondo de la zona de ataque contraria (dump and chase), forzaba los errores en el pase y eliminaba cualquier ventaja de velocidad que pudieran tener los patinadores contrarios, y como es lógico, todo este entramado redujo los tanteos de los partidos. Lemaire hizo de la necesidad virtud y explotó su excelente cuerpo defensivo compensando las carencias de su delantera para crear su sistema
Un sistema hijo de su época
Los años 90 trajeron una época de predominancia de las defensas sobre los ataques en varios deportes cuya relación entre sí, al menos en el aspecto estratégico no era nada cercana, el baloncesto tanto en la NBA y en Europa, como el omnipresente fútbol, vivieron por los mismos años una época de control en la que se buscaba ganar los encuentros no por capacidad anotadora si no anulando la misma del equipo contrario.
No solo el hockey, otros deportes vieron como se imponía la disciplina defensiva sobre la efectividad en ataque
Juego embarullado, marcadores cortos, el hockey, que no atravesaba sus mejores momentos en los despachos, no compensaba en el hielo las preocupaciones que causaban los que pisaban moqueta, un rumbo que si no se enmendaba podría acabar haciendo saltar la liga por los aires.
2005, año 1 del nuevo hockey
Gary Bettman llegó en 1993 a la NHL pero hasta 12 años después no pudo mover el timón de la nave del hockey en la dirección que deseaba. Expandir la liga a nuevos territorios en Estados Unidos, conseguir una relación más ventajosa con la televisión estadounidense y finalmente conseguir establecer un límite salarial que garantizara la sostenibilidad de las franquicias, pero todo eso no tenía sentido si no se devolvía al juego toda la espectacularidad, velocidad y emoción que son la verdadera seña de identidad de este deporte y los imanes que fijan a los aficionados a sus asientos o televisores.

El lockout fue la oportunidad de poder actuar de forma radical. Así que se impusieron cambios reglamentarios como la eliminación del fuera del juego en los pases que atravesaran dos líneas, lo que favorecía pases largos y contraataques veloces, aparte de bajar la efectividad de la trampa en zona neutral.
Se redujo el tamaño de las equipaciones de los porteros buscando que se abrieran más huecos para los delanteros. pero no solo en la equipación se vieron afectados los últimos defensores de la portería, se creó el trapezoide, que es la única zona del hielo en la que podían jugar el disco hacia delante, creando más incertidumbre en la salida del disco y eliminando la ralentización del juego que podían ejecutar hasta ese momento ya que el portero ya no podía actuar como un tercer defensa.
Los árbitros también recibieron instrucciones de ser más rigurosos con las penalizaciones, acabando con la barra libre que en nombre del “juego viril” había imperado hasta entonces, enganchones con el stick, agarrones, interferencias y obstrucciones fueron menos toleradas. No solo se favorecía al jugador habilidoso sobre el físico en el cinco contra cinco, si no que además el incremento de superioridades numéricas, favoreció también que se elevara el número de goles.

También se acabó con los empates, que casan poco con la cultura norteamericana del deporte, introduciendo la tanda de penaltis tras la prórroga en el caso de que persista el marcador igualado, con lo cual, de cada partido saldría un vencedor. La guinda del pastel, es que a este medio ambiente favorable llegaron jugadores que se unieron a la liga como Sidney Crosby, Alex Ovechkin o Patrick Kane, que devolvieron el brillo y el espectáculo a la NHL llevándola a una nueva era dorada.
Legado veinte años después
De la experiencia se aprende y esta poca de rigor defensivo deja varias lecciones acerca de la naturaleza del juego y sobre las bases que deben permitir a la NHL ser una liga viable económica y deportivamente.
La extensión a toda la liga del sistema de trampa en la zona neutral destrozó el sentido de espectáculo, haciendo el hockey aburrido tanto a los espectadores casuales como a los fans de toda la vida. La NHL veía como la Fox, con la que por fin después de mucho tiempo había firmado un contrato a escala nacional estadounidense, expresaba sus quejas ya que veía que se encontraba con un producto que distaba de ser atractivo y enganche de espectadores que se desplazaban a otros canales para seguir las otras majors.
La trampa en la zona neutral destrozó el sentido de espectáculo, haciendo el hockey aburrido tanto a los espectadores casuales como a los fans de toda la vida
Se dice que se aprende más de los errores que de los aciertos, y el hockey tras este periodo de baja anotación y juego embarullado, supo encontrar que tipo de deporte quería ser en el siglo XXI, vistoso, rápido, premiando a los jugadores hábiles, a los defensas que además de ser capaces de cortocircuitar el juego contrario son capaces de hacer marcar gol a sus compañeros e incluso ellos mismos, donde el freno a los grandes jugadores debe venir de las habilidades defensivas y no del juego duro sin límite.

Pero algo no ha cambiado, ni cambiará al tratarse de un deporte profesional, lo importante es ganar, pero lo que si ha cambiado es que aunque la intensidad sea máxima y cualquier equipo utilizará los medios que crea convenientes dentro del reglamento para llevarse la Stanley Cup, el hockey no debe perder su esencia si quiere sobrevivir como espectáculo y entretenimiento de masas.
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