La carrera de esta joven promesa del hockey norteamericano dio un giro dramático solo cinco años después de ser elegido como número del draft, cuando sufrió una grave lesión ocular que estuvo muy cerca de costarle la visión y, además, acabar con su trayectoria profesional.

Tras varias intervenciones quirúrgicas, Berard logró regresar al hielo, convirtiéndose entonces en todo un símbolo de superación, aunque su paso por la liga continúa siendo más recordado por lo que sucedió fuera de las pistas. Y no hablamos únicamente del problema en el ojo.
Una carrera prometedora
Hizo sus primeros pinitos al lado de casa, en la Mount Saint Charles Academy, donde jugó durante tres temporadas mientras cursaba la secundaria. Salió campeón todos los años.
Con 17 primaveras, hizo las maletas para jugar en la OHL (Ontario Hockey League) con los Detroit Junior Red Wings, hasta que se presentó al draft de 1995. Los pronósticos se cumplieron y Bryan Berard fue elegido en el primer puesto por los Ottawa Senators, aunque la franquicia tomó la decisión de que siguiera formándose en las categorías inferiores. Su debut en la élite tenía que esperar.
Pero el de Woonsocket no quería aguardar acontecimientos. Sentía que estaba listo. Por esa misma razón, pidió ser traspasado en enero de 1996. Los New York Islanders se hicieron con sus servicios y Berard jugó los 82 partidos del curso siguiente, liderando en puntos (48) a todos los defensas del equipo y ganando el Calder Memorial Trophy al rookie del año. Casi nada.

La temporada 97/98 fue más de lo mismo, con 14 goles y 32 asistencias, pero su periplo con los Isles llegó a su fin en enero de 1999, no solo por su escasa producción (15 puntos en 31 partidos), principalmente porque sus números en ataque no cubrían las carencias en defensa. Toronto lo incorporó a sus filas a cambio del guardameta Félix Potvin. Y el de Rhode Island se quedó a las puertas de disputar la final por la Stanley Cup tras caer en las Finales de Conferencia contra Buffalo por 4-1.
La lesión que marcó su vida
Berard había arrancado con ganas su nueva etapa en Canadá. Sin embargo, el 11 de marzo del 2000 quedará para siempre grabado en su memoria. En un partido contra los Ottawa Senators, el stick de Marián Hossa impactó en su ojo derecho, un golpe que le provocó un desgarro y un desprendimiento de retina. El pronóstico de los servicios médicos era ciertamente sobrecogedor. Podía perder el ojo.
Pero no lo hizo. Se sometió a siete operaciones hasta alcanzar la visión mínima requerida en la NHL, que es de 20/40, y volvió a jugar al hockey. No solo eso. También rechazó una indemnización de 6,5 millones de dólares que le correspondía en caso de haberse retirado.
En 2001, siendo agente libre, declinó la oportunidad de volver a Toronto y eligió a los New York Rangers como nuevo equipo para poder estar lo más cerca de casa posible. Su paso por la Gran Manzana pocos lo recuerdan. Apenas marcó dos goles, aunque acabó con 23 puntos, y en verano firmó por los Boston Bruins.

Curiosamente, después de un tiempo de adaptación, Berard volvió a parecerse al jugador de antes de la lesión. Anotó 10 dianas y repartió 28 asistencias en 80 partidos con los de Massachusetts, si bien la franquicia no contempló una renovación y el zaguero tuvo que mudarse a Chicago para enfundarse la zamarra de los Blackhawks.
Allí logró realizar la segunda mejor temporada de su carrera en cuanto a puntos (47), pero la mala suerte se cebó con él. El lockout de la NHL en la campaña 2004/05 y la posterior llegada de un nuevo General Manager a orillas del lago Michigan truncaron su continuidad. Los últimos coletazos de Berard como profesional fueron en Columbus, donde acabó con 32 puntos en 44 partidos durante su primer año y nada más que 3 asistencias en 11 encuentros la temporada siguiente, hasta que decidió volver de nuevo a Nueva York con los Islanders.

Antes de colgar los patines, también probó suerte en la KHL con los Vityaz Chekov. No lo hizo del todo mal: 17 puntos en 25 partidos. Eso sí, los problemas de espalda terminaron por poner fin al periplo de Bryan Berard, que se retiró a los 32 años.
Otro lunar en su carrera
En 2006, se convirtió en el primer jugador en la historia de la NHL en dar positivo por esteroides, una situación que el de Rhode Island achacó a un error, aunque asumió todas las responsabilidades. Pudo seguir jugando en la NHL, ya que no fue la liga quien le realizó la prueba, pero sí estuvo suspendido tres años sin jugar internacionalmente.
Lamentablemente, el dramático incidente que a punto estuvo de costarle un ojo no fue el único que marcó la trayectoria de Bryan Berard
En los últimos años, Berard también ha sido noticia por otros problemas extradeportivos, como la pelea en un bar de Newport que le llevó a ser detenido en 2023.
¿Dónde estaba su techo?
En una entrevista con la ESPN en 2016, Berard reconoce sentirse frustrado por no saber cuál habría sido su límite de no haber tenido que pasar por el infierno que le supuso aquel percance con Marián Hossa. “Me hubiera gustado ver hasta dónde podría haber llegado mi carrera estando sano y con los dos ojos”, confesó.
Luego aparecieron sus dolores de espalda, que fueron los que finalmente le hicieron dejar el hockey sobre el hielo. “Tuve dos cirugías de espalda que creo que incluso acortaron mi carrera. Sentía que estaba empezando a recuperar mi nivel con Chicago y luego con Columbus, y a anotar muchos puntos de nuevo, y entonces tuve la lesión de espalda, así que mi carrera también se vio truncada por eso”.
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