En el universo de los entrenadores de la National Hockey League (NHL), existen nombres que brillan más por los trofeos acumulados en sus vitrinas que por el trabajo silencioso que realizan durante décadas. Todd McLellan pertenece a la segunda categoría.

El técnico, natural de Melville, Saskatchewan, nunca disputó un partido en la mejor liga de hockey sobre hielo del mundo como jugador, pero encontró en los banquillos su vocación. A lo largo de más de quince años como entrenador principal, el canadiense ha construido una reputación basada en la constancia, la disciplina táctica y la capacidad de convertir a equipos buenos en aspirantes. Su trayectoria, aunque desprovista de una Stanley Cup como primer entrenador, merece examinarse como una de las más regulares y respetadas de su generación.
Los cimientos de la carrera de McLellan como entrenador se forjaron en las ligas menores y en el hockey juvenil de Canadá, donde perfeccionó su filosofía antes de dar el salto a la élite
Su gran oportunidad llegó cuando se incorporó al cuerpo técnico de los Detroit Red Wings como asistente de Mike Babcock en 2005. Durante tres temporadas en Detroit, McLellan desempeñó un papel fundamental en el desarrollo de los sistemas defensivos y ofensivos de un equipo repleto de talento. La recompensa llegó pocos años después, en 2008, cuando los Red Wings conquistaron la Copa. Aquel anillo no solamente validó su trabajo, sino que le abrió las puertas de su primer puesto como entrenador jefe en la NHL. De esta manera, los San Jose Sharks contrataron sus servicios apenas semanas después de aquella conquista.
El entrenador más ganador de la franquicia
McLellan heredó en San José una plantilla talentosa, liderada por figuras como Joe Thornton y Patrick Marleau, y desde su primera temporada dejó claro que elevaría el nivel de exigencia. Con ello, en la campaña 2008-09, los Sharks lograron el Presidents’ Trophy con 117 puntos, la mejor marca de la liga regular. A lo largo de siete temporadas al frente del equipo, entre 2008 y 2015, San José se clasificó para los playoffs en seis ocasiones y alcanzó las finales de la Conferencia Oeste en 2010 y 2011, pese a caer ante los Chicago Blackhawks y los Vancouver Canucks, respectivamente. En concreto, McLellan acumuló 311 victorias en temporada regular con la franquicia, un récord que lo convirtió en el entrenador más ganador en la historia de los Sharks, una marca que aún mantiene.

Sin embargo, el legado de McLellan en San José resulta inevitablemente agridulce. A pesar del dominio en la temporada regular, los Sharks no lograron superar la barrera de las finales de Conferencia bajo su mando. Las eliminaciones tempranas en las eliminatorias se convirtieron en un patrón frustrante para una afición que veía cómo su equipo dominaba entre octubre y abril para luego tropezar. Así, tras no clasificarse para los playoffs en 2015, McLellan fue destituido. La ironía del destino quiso que, apenas un año después, los Sharks alcanzaran la final de la Stanley Cup bajo la dirección de Peter DeBoer, a través, en gran medida, de la estructura y la cultura competitiva que McLellan había cimentado durante siete años. Su huella en la franquicia, aunque a menudo eclipsada por lo que no consiguió, resulta innegable: dejó una organización transformada y un estándar de competitividad que perduró más allá de su marcha.
El orden y el pase como soluciones
El estilo de juego de los equipos de McLellan se caracteriza por el orden, la responsabilidad defensiva y el control de la posesión del puck. Sus formaciones practican una presión disciplinada y agresiva en la propia zona del rival para forzar pérdidas y generar transiciones rápidas. En ataque, McLellan apuesta por un movimiento constante del disco entre los cinco patinadores para desestabilizar las estructuras defensivas rivales con velocidad y precisión en el pase antes que con jugadas individuales. El técnico exigía compromiso táctico a sus jugadores, desde las estrellas hasta los hombres de las líneas inferiores, y destacaba por su capacidad para integrar a jóvenes talentos —como Logan Couture o Tomáš Hertl en San José. Estas mismas señas de identidad lo acompañaron a sus etapas posteriores en los Edmonton Oilers, los Los Angeles Kings y, actualmente, en los Red Wings, aunque los resultados han variado en función del talento disponible en cada plantilla.

Todd McLellan quizá nunca levante una Copa como primer entrenador, pero su carrera constituye un ejemplo de profesionalismo, rigor táctico y longevidad en una liga donde la paciencia escasea. En definitiva, sus siete años en San José representan el pilar de su legado: un periodo en el que elevó a la franquicia y estableció un listón que todavía resuena en la organización. En un deporte que a menudo únicamente recuerda a sus campeones, McLellan recuerda que existe la grandeza también en la consistencia, en el trabajo diario y en la capacidad de construir algo que sobrevive a quien lo creó.
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