En 1997 los Whalers completarían su mudanza desde el estado norteño de Connecticut hasta la sureña Carolina del Norte después de jugar un cuarto de siglo en la ciudad de Hartford entre la WHA y la NHL, aunque su destino era Raleigh se instalarían en la vecina urbe de Greensboro durante sus primeras campañas como los Carolina Hurricanes.

Tras varios años de negociaciones entre diferentes propietarios de los Whalers y el Estado de Connecticut para las construcción de un nuevo pabellón (o una profunda remodelación del Civic Center) en Hartford, ambas partes no llegarían a buen puerto y Peter Karmanos (propietario principal de los Whalers en aquel entonces) pondría la mirada en otros mercados estadounidenses.
Mientras se construía el PNC Arena en Raleigh, los Canes jugarían provisionalmente en el Greensboro Coliseum
En la década de los noventa, la NHL bajo el recién estrenado mandato de Gary Bettman decidiría que era hora de expandirse a lo grande por toda la geografía norteamericana y así pasar a ser de una vez por todas una liga auténticamente nacional, ganando con ello musculo para negociar un nuevo contrato televisivo a nivel estadounidense. Ciudades poco tradicionales se sumarían a la liga, Miami, Tampa Bay, Anaheim, Dallas, Nashville, San Jose, Atlanta y Phoenix juntamente con otras más ‘lógicas’ como serían Ottawa, Denver, St. Paul y Columbus, en el primer grupo mencionado se situaría la urbe elegida por Karmanos para reubicar a los Whalers: Raleigh.

Pero había un problema en Raleigh, el pabellón donde jugarían los Canes aún no se encontraba disponible y era necesario encontrar una solución viable para la campaña que empezaría solamente unos meses más adelante. Con Hartford descartado, el mandamás de los Whalers/Canes se fijaría en la ciudad vecina (130 km de distancia) de Greensboro, la cuál si tenía operativa una arena del calibre de la NHL para el saque inicial de la franquicia en el estado de Carolina.
El Greensboro Coliseum entra en escena
Dada la imposibilidad de jugar en Raleigh durante al menos dos temporadas la franquicia se dirigiría hacia Greensboro, ciudad donde existía ya un pabellón acorde con los estandartes de la liga, el gigantesco Greensboro Coliseum con capacidad para más de 20,000 espectadores.

Entre 1989 y 1995 dicha arena era el hogar de los Greensboro Monarchs de la ECHL, estos pasarían a la AHL y jugarían allí dos temporadas bajo el nombre de Carolina Monarchs, pero la llegada de los Hurricanes a la ciudad los desplazaría fuera del estado. El Coliseum ‘pasaría a manos’ de la franquicia de la NHL, evitando así un conflicto de intereses entre los posibles nuevos abonados. Mientras tanto en Raleigh el hockey de la ECHL también se había hecho un hueco gracias a la presencia de los Raleigh IceCaps, estos jugaban en el Dorton Arena con capacidad para 7,100 personas, aunque una vez consumada la llegada de los Canes a la urbe se mudarían a ‘otros pastos’ más verdes para no interferir en el crecimiento de la nueva franquicia de la NHL.
Así que en 1997, los Canes recién llegados de Hartford, empezarían a jugar en Greensboro sin que tuvieran demasiado éxito a la hora de atraer un nuevo público a sus encuentros. En la primera campaña superarían por poco los 9000 espectadores de media por partido mientras que en la segunda se quedarían en 8000, la cifra más baja de toda la NHL desde hacía 50 años aunque al cabo de dos décadas los Arizona Coyotes bajarían aún más el número de media por choque al jugar un par de años en una pista universitaria con capacidad para 5,000 personas.
Los asientos del Greensboro Coliseum eran de color verde y al no venderse muchas localidades daba la sensación de grandes pastos verdes
Aunque la media de espectadores estuviera entre los 8000 y 9000 por encuentro, la realidad es que en la mayoría de choques solamente se congregaban entre 5000 y 6000 personas, cifra muy pobre para una liga como la NHL.

La realidad radica y radicaba en que Raleigh y Greensboro, pese estar en el mismo estado, son dos mercados diferentes con costumbres y aficiones distintas. La gente de Greensboro no sintió nunca como propios a los Canes a sabiendas que al cabo de un par de temporadas se irían para Raleigh, mientras que los de Raleigh al estar a hora y media de distancia no viajaban entre semana para acudir a los partidos. Otro factor determinante fue el precio de las entradas, en Greensboro habían tenido hasta la llegada de los Hurricanes una franquicia de la ECHL, los Monarchs, los cuáles jugaban en el mismo recinto pero a un precio infinitamente inferior. Incluso décadas más tarde, Peter Karmanos (dueño del equipo en esos años) declararía que seguramente hubiera sido mejor idea poner 20 o 30 millones de dólares en mejorar y acondicionar el Dorton Arena de Raleigh donde también jugaba una franquicia de la ECHL y evitar así el bochorno que se viviría en Greensboro.

A modo de apunte, a partir de la campaña 2025/26 la ciudad de Greensboro recuperará una franquicia de hockey profesional, se trata de los Greensboro Gargoyles que participarán en la ECHL y disputarán sus encuentros en el First Horizon Coliseum, el Greensboro Coliseum renombrado y completamente actualizado a los tiempos modernos, obviamente sin los asientos verdes que tan mal recuerdo dejaron en los Canes.
En definitiva, la puesta en marcha de los Whalers en el estado de Carolina del Norte no empezaría de la mejor forma posible, un cúmulo de circunstancias y malas decisiones hicieron dudar de la viabilidad de la franquicia en el sur de los EEUU nada más llegar, evidentemente viendo el éxito actual de los Hurricanes entre la fanaticada local no cabe ninguna sombra de duda que fue una buena decisión el trasladar el equipo muy a pesar de dejar huérfano el fiel mercado de Connecticut.
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