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Historia

Mike Bossy, el genio que ‘nos perdimos’

Hay carreras deportivas que se juzgan por lo que fueron. Y hay otras que, inevitablemente, se juzgan por lo que pudieron haber sido. La de Mike Bossy pertenece a esta segunda opción.

Bossy no tuvo una carrera corta en el sentido habitual de la palabra: disputó 752 partidos de temporada regular, ganó cuatro Stanley Cups, conquistó un Conn Smythe, tres Lady Byng y un Calder, y fue elegido siete veces en los equipos All-Star de la NHL. Marcó 573 goles y 1.126 puntos. Números de jugador élite, ¿cuál es el problema? Todo eso ocurrió en apenas diez temporadas. Se tuvo que retirar con solamente 30 años, después de una última campaña en la que su espalda ya no le permitía jugar con normalidad.

Y ahí es donde todos nos hacemos la pregunta: ¿qué habría sido de Mike Bossy si su espalda le hubiera permitido jugar otros cinco, seis, ocho años?

¿Habría superado a Gretzky en goles?

Superar a Gretzky en impacto global era tirar un triple a la luna, pero sí existe un escenario perfectamente razonable en el que Bossy habría podido terminar como el máximo goleador de la historia de la NHL. (Todo esto en contexto; época pre-Ovechkin).

Un goleador que no parecía un goleador

Fue seleccionado en el puesto 15 del Draft de 1977. Catorce equipos pasaron de él. No lo hicieron los NY Islanders. El principal problema no era su talento, sino la percepción: muy delgado, demasiado tímido, poco interesado en la violencia para sobrevivir en la NHL de los años setenta. Él mismo recordaría años después que aquellos equipos dudaban de que un jugador como él pudiera marcar en la NHL.

Bossy en juveniles | LaPresse

Lo que muchos no sabían, o no habían querido prestar atención en el scouting era que, sin lugar a dudas, Bossy era el más habilidoso para «put the biscuit in the basket». Anotar era innato en él. Paul Coffey lo explicó perfectamente años después: Bossy no tenía el tiro demoledor de Brett Hull o Guy Lafleur, pero parecía no fallar nunca la portería.

No era goleador por carga de tiros, simplemente interpretaba el juego y leía la pizarra para encontrar la mejor posición para recibir pases en zonas donde él ya se había encargado de especializarse para anotar. En Laval ya había dejado claro que aquello no era casualidad: 70, 84, 79 y 75 goles en sus cuatro temporadas principales de junior, y terminó su carrera en la QMJHL con el récord histórico de 309 goles.

El propio jugador, nada más firmar por los Islanders aseguró que anotaría 50 goles

Queréis saber si lo consiguió? Le sobraron 3…Ahí Torrey y los demás de los despachos de Long Island supieron que cuando fueron a por bronce, habían encontrado oro. Y para reafirmarlo, tuvieron que pellizcarse varios años, para ser exactos; nueve. Esas fueron las temporadas en las que Bossy superó la barrera de 50 tantos en una temporada. Pero es que además, en cinco de esas nueve temporadas superó la barrera de los 60 discos enviados a la red, dejando su pico en 69 en la temporada 1978/79.

Bossy en portada | NYIL

Bossy terminó su carrera con 0,762 goles por partido, la mejor cifra de la historia de la NHL entre los jugadores con una muestra significativa. Mario Lemieux terminó en 0,754 y Gretzky en 0,601. Nadie era más peligroso de cara a gol que el bueno de Mike «Boss» Bossy, incluso Gretzky lo reconocía. Cuando se le preguntó por Bossy, llegó a decir que era un goleador extraordinario y que no creía que hubiera nadie comparable a él.

Por eso hay que dejar clara la comparación y frenarla en cuanto a goles, porqué cuando Bossy disputó su última temporada, Gretzky estaba ya en su noveno año de NHL. The Great One había marcado 699 goles profesionales en la NHL y estaba construyendo una carrera estadística que acabaría siendo completamente extraordinaria. No olvidemos que Bossy dio 553 asistencias y Gretzky terminó su carrera con 1.963. Ahí es donde todo debate quedaba fuera de la mesa. Pero al César, lo que es del César. Bossy iba camino de poner en peligro el récord (por aquél entonces) de Gretzky en goles. A 322 goles, cifra que en condiciones sanas, y con 6-7-8 temporadas por delante, lo más probable es que habría tenido a tiro el récord y por lo tanto, la motivación para ir a por ello.

En su carta a su yo de 14 años, escribió que aquella vieja lesión de rodilla acabaría provocando desequilibrios en su cuerpo y que, nueve años después de llegar a la NHL, su espalda terminaría por obligarle a retirarse

Y ahí es donde llegamos a la percepción histórica del canadiense, nacido en Montreal; Bossy fue parte esencial de una de las grandes dinastías de la historia de la NHL: cuatro Stanley Cups consecutivas entre 1980 y 1983. En tres de esas cuatro temporadas lideró a los Islanders en goles y en 1982 ganó el Conn Smythe. En 1982 y 1983 marcó además los goles que decidieron las respectivas Stanley Cups. Pero su impacto pudo haber sido todavía mayor. Todo se puso de cara para que el duelo Gretzky-Bossy alimentara la NHL de los años 80. Un generador de juego sorprendente, con pases sorprendentes y dejando todos los aficionados boquiabiertos y otro enviando todos los pucks al fondo de la red sin compasión.

Bossy con la Stanley Cup | CBC

El CHL lo sitúa entre los cinco mejores jugadores de los últimos 50 años formados en sus competiciones, una señal de hasta qué punto su producción trascendió su época. Y quizá la ironía más grande de su carrera sea precisamente que su imagen estadística quedó atrapada entre dos gigantes. Gretzky tuvo la longevidad y la producción total. Ovechkin tendría, décadas después, la longevidad goleadora. Qué odiosas pueden ser las comparaciones.

Lo que pudo haber sido.

Tras fallecer en 2022, su talento, palmarés y habilidad para anotar fueron portada, noticia y en boca de todos los medios relacionados con la NHL, el hockey sobre hielo y también de los jugadores. El legado Bossy fue y es muy grande, una lástima que sobre sus espaldas no cupieran más temporadas para regalar más goles a la historia.

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