El 11 de septiembre de 2001 cambió completamente el día a día de Estados Unidos. También el de la NHL. La temporada 2001-02 todavía no había empezado y los equipos se encontraban en plena preparación, pero después de los atentados los partidos de pretemporada dejaron de tener cualquier importancia.

Durante unos días, el hockey quedó en segundo plano. Y cuando finalmente los equipos empezaron a volver a los pabellones, los primeros partidos no se vivieron como unos choques normales. El hielo se convirtió en un lugar para recordar a las víctimas, dar las gracias a quienes habían participado en los rescates e intentar recuperar, poco a poco, cierta normalidad.
Nueva York: el primer partido después de la tragedia
El mejor ejemplo llegó el 19 de septiembre de 2001 en el Madison Square Garden. Los New York Rangers recibían los New Jersey Devils en lo que se convirtió en el primer evento deportivo profesional celebrado en Nueva York después de los atentados. Esa noche, el resultado era casi anecdótico, en las gradas había muchísimas banderas de Estados Unidos y antes del partido se preparó una ceremonia especial. Jugadores y miembros de los equipos de hockey del FDNY —bomberos de Nueva York— y del NYPD —policía de Nueva York— participaron en los actos previos.
Ambos equipos, Rangers y Devils, formaron juntos en muestra de respeto por todo el sufrimiento que estaba viviendo la ciudad de Nueva York
Los aficionados respondieron con enormes ovaciones. La ciudad todavía estaba de luto y muchos de los que estaban sobre el hielo o en las gradas conocían directamente a alguien que había muerto, que había participado en los rescates o que todavía estaba trabajando en la Zona Cero. Los Rangers habían visitado también varios parques de bomberos de la ciudad para apoyar a sus miembros. Y esa noche, los bomberos y policías dejaron de ser simplemente invitados: eran los protagonistas de la ceremonia.
Durante el himno estadounidense, el público cantó y aplaudió con una intensidad extraordinaria. Cuando las imágenes de los equipos de rescate aparecían en las pantallas del Garden, las ovaciones volvían a llenar el pabellón. El hockey había vuelto a Nueva York, pero esa noche el Madison Square Garden parecía más un lugar de reunión de una ciudad que intentaba recomponerse que un recinto deportivo.
El partido que dejó de ser importante

El 20 de septiembre, Rangers y Flyers jugaban en Philadelphia, durante el descanso estaba previsto que George W. Bush pronunciara ante el Congreso su discurso sobre los atentados y la respuesta de Estados Unidos. Cuando llegó el momento, el discurso empezó a retransmitirse a las pantallas del pabellón, los jugadores salieron al hielo, pero nadie tenía mucho interés en seguir jugando. Los aficionados querían ver al presidente.
¿El resultado? No se disputó el tercer período.
El partido quedó 2-2 después de las dos primeras partes. El hockey simplemente dejó de ser importante durante esa noche. Cuando Bush acabó el discurso, ¡el público respondió con gritos de USA! y los jugadores abandonaron la pista. Es probablemente una de las mejores escenas para explicar el estado de ánimo de esos días: miles de personas habían pagado una entrada para ver hockey y, cuando empezó el discurso del presidente, todo el mundo entendió que había cosas mucho más importantes.
Los Angeles Kings ‘tocados’ de lleno
Los atentados también habían afectado directamente a Los Angeles Kings. Dos miembros de la organización, Garnet «Ace» Bailey y Mark Bavis, viajaban en el vuelo 175 de United Airlines, que fue estrellado contra la Torre Sur, por eso, el regreso de los Kings al hielo tuvo una carga emocional aún más fuerte.

En los actos previos de los partidos, los servicios de emergencia tuvieron un papel protagonista. Los Kings empezaron a llevar una pegatina con las iniciales de Ace Bailey y Mark Bavis en los cascos de los jugadores, una tradición que aún sigue décadas después. No era sólo un homenaje a los dos miembros de la organización, era también una forma de recordar a todas las víctimas.
El momento Mark Messier
Pero si hay una imagen que mejor resume la relación entre la NHL y los primeros intervinientes después del 11-S, es la de Mark Messier con un casco de bombero. El 7 de octubre de 2001, en el primer partido de temporada regular de los Rangers en el Madison Square Garden después de los atentados, el equipo invitó a miembros del FDNY y del NYPD a participar en la ceremonia, entre los bomberos estaba Larry McGee, capitán del equipo de hockey hielo del FDNY. McGee llevaba el casco del jefe Raymond Downey, fallecido el 11 de septiembre, con una fotografía suya pegada delante.
Cuando Messier salió al hielo para la presentación de los jugadores, no llevaba casco, McGee decidió acercarse a él y le ofreció el casco de Downey. Messier se lo puso y el resto ya es historia.
No estaba preparado. No formaba parte del guión. Fue un gesto espontáneo que acabó convirtiéndose en una de las imágenes más recordadas de la historia del deporte después del 11-S.
El Madison Square Garden estalló en una enorme ovación
El casco no representaba sólo a Raymond Downey. Representaba a los 343 bomberos del FDNY muertos ese día y, por extensión, todos los primeros intervinientes que habían puesto su vida en riesgo. El propio Messier contaría años después que aquella imagen había acabado simbolizando a todas aquellas personas.
El hockey como punto de encuentro
Durante aquellas primeras semanas, por tanto, los pabellones de la NHL vivieron una atmósfera muy diferente. Había muchas banderas americanas (incluso en las pistas canadienses), minutos de silencio, himnos cantados con una intensidad especial, ovaciones a los bomberos y policías, homenajes a las víctimas, donaciones y visitas de los jugadores a los servicios de emergencia. Pero sobre todo había una sensación muy difícil de contar: la gente necesitaba volver a hacer cosas normales. Ir a un partido. Sentarse con otras personas. Cantar el himno. Aplaudir. Gritar ¡USA!. Y durante unas horas, intentar volver a sentir que la vida seguía.

La NHL no podía solucionar lo ocurrido. Tampoco podía desaparecer el dolor. Pero aquellos primeros partidos ofrecieron algo que, en ese momento, también era importante: un lugar donde una comunidad podía reunirse, recordar a quienes ya no estaban y dar las gracias a quienes habían corrido hacia el peligro mientras el resto intentaba escapar.
Y quizá por eso, cuando el hockey regresó tras el 11-S, los aplausos más fuertes no siempre eran para los jugadores, muchas veces eran para los hombres y mujeres que llegaban a la pista vestidos de bombero o de policía. Y eso explica mejor que cualquier resultado cómo reaccionó la mejor liga de hockey hielo del mundo frente a esos atentados.
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