A mediados de los años 70 del siglo pasado, la fiebre por el futbol (europeo) se apoderó del continente norteamericano gracias a la mítica NASL (North American Soccer League) en la cuál jugaron leyendas del balón como Pelé, Cruyff, Beckenbauer, Best, Eusébio entre muchas otras estrellas internacionales.

Aprovechando el momentum de euforia futbolística que se vivía tanto en Estados Unidos como en Canadá en 1978 nacería la Major Indoor Soccer League, también conocida como MISL, competición que uniría la bellesa del futbol con la velocidad y espectacularidad del hockey; una combinación realmente atractiva y muy adictiva enfocada en gran parte al público norteamericano.
El gran público norteamericano necesitaba una mayor cantidad de acción de la que el futbol (europeo) por si solo podía dar, algo que el hockey iba sobrado
Antes de la globalización actual, el continente norteamericano se resistía a incorporar de forma definitiva al llamado soccer a su cartel de deportes favoritos entre los que destacaban el beisbol, futbol americano, baloncesto y hockey, pero un grupo de visionarios darían una vuelta de tuerca al llamado ‘Deporte Rey’ mundial para ayudarlo a penetrar entre la sociedad americana.

Un hibrido entre futbol y hockey
Aunque el futbol 11 estaba triunfando de la mano de la NASL, el soccer seguía con la etiqueta de deporte lento y aburrido en muchas fases del juego, algo que era muy poco del agrado de los estadounidenses y canadienses más acostumbrados a la acción; con la llegada de la MISL y sus reglas ‘hockeyísticas’ parecía que por fin se había dado con la solución ideal. Varios aspectos del hockey fueron adoptados por la Major Indoor Soccer League:
- Terreno de juego
Evidentemente no había rastro del hielo (había moqueta o césped artificial como en la NLL) pero si que las dimensiones del terreno de juego eran las mismas, además las vallas con su plexiglás correspondiente eran bien visibles junto con los banquillos y zonas de castigo.
- Estadísticas individuales
Al igual que sucede en la NHL y en el hockey en general, los jugadores de la MISL sumaban puntos en función de los goles marcados y asistencias repartidas, así la clasificación de máximos puntuadores se elaboraba de igual forma que en cualquiera otra liga de hockey.
- Power Play
Los jugadores podían ser penalizados con sanciones de dos o cinco minutos dependiendo de la infracción acarreando con ello minutos de superioridad o inferioridad al igual que en el hockey.
- Cambios al vuelo
Lo jugadores podían entrar y salir del banquillo sin parar el juego, mejorando notablemente el ritmo al partido.
- Penalty Box (el congelador)
Una vez un jugador era penalizado pero no expulsado del encuentro se dirigía a la zona de castigados la cuál no podía abandonar hasta haber agotado el tiempo penalizado o si el equipo contrario anotaba un gol.
- Música entre pausas
A diferencia del futbol 11 donde durante los minutos de juego reina la tranquilidad, la MISL ambientaba las pausas o tiempos muertos con música a todo trapo al igual que en los choques de la NHL o NBA.
- 60 minutos de juego
Otra similitud con un encuentro de hockey era la duración del mismo, si en el futbol 11 se juegan 90 en total con 45 minutos por parte, la MISL establecía dos partes de 30 minutos para un total de 60, igual que en el hockey solamente con la diferencia que en vez de tres periodos eran dos.

Con todas estas implicaciones venidas del mundo del hockey los partidos de la MISL eran dinámicos, divertidos y muy amenos a los ojos del espectador norteamericano, logrando el éxito esperado por parte de las cabezas pensantes de la liga.
Popularidad

En sus 14 años de vida, la MISL consiguió cierta fama entre los fans del deporte con el pico de máxima popularidad a mediados de la década de los 80, momento en que promediaba casi 9,000 espectadores por partido. Dos ejemplos exponenciales fueron los Kansas City Comets y los Pittsburgh Spirit, los primeros lograron tal relevancia en la ciudad de Missouri que durante la campaña de 1983/84 establecieron un record de la liga con una media de 15,786 espectadores por encuentro dejando a sus vecinos de pabellón, los Kansas City Royals de la NBA, en poco más de 6,000 personas acudiendo a presenciar sus choques durante el mismo curso.
Por su parte, los Spirit también superaban a los Pittsburgh Penguins de la NHL con los cuáles compartían el Civic Arena por un margen de 2,000 espectadores, de 8,000 a 6,000, aunque la llegada de Mario Lemieux a la ciudad de Pensilvania cambió radicalmente las tornas en favor de la franquicia de hockey. Toda esta fiebre por la liga también vino acompañada de varias colecciones de cromos y de un videojuego para el dispositivo Commodore 64.
En cuanto a los equipos más laureados, de las 24 franquicias (con 31 apodos distintos debido a algunas reubicaciones) que en un momento u otro participaron de algún que otro juego de la MISL solamente cuatro lograron llevarse el campeonato: San Diego Sockers (8), New York Arrows (4), Baltimore Blast (1) y Dallas Sidekicks (1).

¿Futuro?
Tras la desaparición de la Major Indoor Soccer League en 1992 varias rencarnaciones de la MISL vieron la luz llegando finalmente a la MASL (Major Arena Soccer League), liga fruto de la unión de dos competiciones de futbol indoor.
La citada nueva liga sigue la mayor parte de las normas establecidas por la MISL original pero lejos de la popularidad de la cuál disfrutó su predecesora, competición que aunó lo mejor del futbol 11 con varios aspectos relacionados con el hockey llegando a ser la cima de soccer norteamericano durante varios años, los mismos que pasaron desde la cancelación de la NASL hasta la presentación de la MLS.
Te puede interesar…
.














