La carrera de Jacques Martin se encuentra tejida en la historia moderna de la National Hockey League (NHL), definida por la estructura, la paciencia y una profunda creencia en el juego de equipo sobre la brillantez individual.

Martin nunca sobresalió por un tono elevado ni por un apellido glamuroso; en cambio, construyó una reputación meticulosa como un profesor del deporte, un entrenador cuya influencia podía sentirse en los hábitos de sus equipos y en el crecimiento de sus jugadores. Durante décadas en la liga, el técnico canadiense se convirtió en sinónimo de la responsabilidad defensiva y la regularidad competitiva y moldeó un legado que, especialmente, se asocia quizá a su longeva y formativa etapa al mando de los Ottawa Senators.
Ofensivamente, Martin favorecía la posesión del disco y las entradas controladas mucho antes de que tales conceptos se convirtieran en palabras de moda alrededor de la liga
El camino de Martin hacia el protagonismo en la NHL fue gradual y fundamentado en el desarrollo. Después de una trayectoria como jugador en las ligas menores, el técnico transitó hacia los banquillos y se fogueó en el hockey juvenil con los Guelph Platers de la Ontario Hockey League (OHL), donde ganó una Memorial Cup en 1986. Aquel éxito le abrió la puerta a la NHL, primero como ayudante y después como primer entrenador con los St. Louis Blues a mediados de los años 90. Los primeros años de Martin en la liga mayor estuvieron marcados por resultados respetables y apariciones en las eliminatorias, pero también por la percepción de que sus equipos carecían de poder ofenisvo. Sin embargo, cuando Ottawa lo contrató en 1996, el natural de Rockland, Ontario, encontró una franquicia y un contexto que definiría su carrera.
La construcción de un juego y una cultura
En ese momento, los Senators todavía eran un equipo de expansión joven y peleaban por una identidad y una credibilidad en la liga. Jacques Martin recibió el encargo de no solamente ganar partidos, sino también de construir una cultura. A lo largo de nueve temporadas en Ottawa, consiguió exactamente eso. Bajo su batuta, los Senators evolucionaron en uno de los equipos más regulares y competitivos de la NHL de finales de los 90 y principios de los 2000 y alcanzaron los playoffs en cinco temporadas consecutivas —de la 1997-98 a la 2002-03. El punto cumbre llegó en 2003, cuando Ottawa capturó el Presidents’ Trophy con 113 puntos, el récord de la franquicia. Aunque la gloria en las eliminatorias le esquivó, con repetidos sinsabores contra rivales divisionales, el impacto de Martin resulta innegable: transformó a los Senators en un aspirante perenne y ayudó a establecer el equipo de hockey de la capital de Canadá.

El legado de Martin en Ottawa resulta inseparable del núcleo que ayudó a formar y optimizar. Jugadores como Daniel Alfredsson, Radek Bonk, Chris Phillips y Wade Redden se desarrollaron dentro de un sistema que pedía responsabilidad e inteligencia. En particular, Alfredsson floreció como icono de la franquicia bajo el mando de Martin y encarnó los ideales del juego a dos bandas y el liderazgo silencioso del entrenador. Mientras que las críticas señalaban a menudo la incapacidad de Ottawa para avanzar en los playoffs como un fallo del enfoque conservador de Martin, dentro de la organización y alrededor de la liga se le reconoce como el fundador de equipos posteriores, como el grupo que alcanzó finalmente la final de la Stanley Cup en 2007.
Un hockey ordenado y eficiente
Estilísticamente, Jacques Martin era un entrenador de entrenadores. Los equipos del canadiense destacaban por su estructura, disciplina y la dificultad que suponía jugar en contra. La cobertura de la zona defensiva resultaba primordial, así como el conocimiento de la posición en las tres zonas. Los delanteros debían volver, los defensas, jugar fácil y los porteros, confiar en el sistema que tenían delante. Ofensivamente, Martin favorecía la posesión del disco y las entradas controladas mucho antes de que tales conceptos se convirtieran en palabras de moda alrededor de la liga. La combinación daba como resultado un hockey eficiente más que entretenido, aunque producía resultados sobre una campaña de 82 partidos. El técnico creía que la consistencia y el detalle significaban los caminos más cortos al éxito, especialmente, en las eliminatorias, incluso si esa filosofía chocara a veces con los aficionados.

Después de marcharse de Ottawa en 2004, Jacques Martin mantuvo su figura respetada a través de la NHL. El canadiense regresó brevemente a St. Louis, después lideró a los Florida Panthers en un sorprendente título de la división Sudeste en la 2011-12 y pasó varios cursos como ayudante con los Blackhawks, Canadiens y Penguins. En esos papeles, Martin se convirtió en un mentor, especialmente para los defensas jóvenes, y en una presencia estable valorado por su experiencia y claridad tácticas. La longeva carrera del entrenador reflejó la consideración que se ganó en la liga, incluso mientras la competición viraba hacia un juego más rápido y ofensivo. La herencia deportiva de Martin no puede medirse únicamente por campeonatos. Aunque nunca ganó una Copa como técnico jefe, su impacto resiste en los equipos que moldeó y en los jugadores que desarrolló. En Ottawa, Jacques Martin significa, por encima de todo, una cultura de regularidad, profesionalismo y competitividad sostenida.
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